Sobre el Boom de los ’60.

Cuestionario de José Vales, Revista Cambio (Bogotá, Colombia) Septiembre de 2002.

-¿Qué significó para uds. o para los escritores de su generacíón la obra de García Márquez? ¿A usted lo influenció en algún momento su obra? ¿Cuáles pudieron haber influido más en esa generación de escritores y en usted en particular?

        —La obra de Don Gabo fue un faro para mi generación y es obvio que ejerció una enorme influencia en todos nosotros. Y lo mejor que nos dio, a partir del deslumbramiento que nos produjeron libros como "Cien años de soledad", "La mala hora", "Los funerales...", "El coronel..." e incluso su estupendo "Relato de un náufrago", fue el impulso para que cada uno tuviera que ingeniárselas para huir de esa influencia.

Y es que para mí la obra de todo el boom de los 60 y 70, fue ni más ni menos que el Siglo de Oro de la Narrativa Latinoamericana. Y ya se sabe que después de cada siglo de oro, los que siguen están bien fregados. Por eso teníamos que huir del realismo mágico, lo real-maravilloso y especialmente de toda la parafernalia crítica que estaba al servicio del boom. Yo creo que a fines de los 70, y en todos los 80 e incluso los 90, los escritores que entonces éramos jóvenes nos fuimos apartando como pudimos, haciendo cada uno y entre todos un necesario parricidio literario. Que en muchos casos habrá sido injusto y doloroso, como siempre sucede con los parricidios, pero que nos forzó a que buscáramos ser quienes hoy somos: una generación diferente y espero que también única, un nosotros mismos que —se llame como se llame— es la continuidad de los grandes, siendo a la vez ruptura. Como debe ser.

Hoy creo que, maduros ya, podemos sentirnos serenamente agradecidos y orgullosos de esa generación extraordinaria que nos enseñó tantos caminos literarios y éticos, además de que abrió puertas y enriqueció el paladar de los lectores de todo el mundo, en todas las lenguas.

En lo personal, Don Gabo fue y sigue siendo el más entrañable de mis padres literarios, sin dudas el que más admiré y quise, y con el que más batallé. Sobre todo a partir de su obra más excepcionalmente perfecta, que para mí es "El otoño del patriarca", esa incomparable lección de prosa y significado, un texto que hubiera adorado el mismísimo Cervantes. Mucho más que Cortázar, Donoso o Fuentes, creo que Don Gabo y Alejo Carpentier fueron mis verdaderos modelos, tanto para armar como para desarmar. Y esto hice y me alegraré mucho el día que me convenza de haberlo conseguido.

—En su caso particular, ya que residió en México, ¿Tuvo oportunidad de conocerlo o de charlar con él?

        —Es curioso porque muchas veces me han preguntado lo mismo. Pero jamás lo vi y nunca tuve la oportunidad de saludarlo personalmente. Ni siquiera sé si él me conoce,o si me habrá leído. Un par de veces le mandé saludos con amigos comunes y luego ellos me dijeron que él me los retribuía, pero nunca lo creí; ésas son cosas que se dicen circunstancialmente después de los viajes, ¿no? Y bien pueden ser mentiras piadosas.

—¿Qué anécdotas recuerda de Gabo o de sus encuentros con él?

        —Las dos únicas anécdotas que puedo contar de mi no-encuentro con Don Gabo son las siguientes: a comienzos de los 80 escribí un artículo acerca del deslucido papel de las mujeres narradas por el boom, en el que señalaba que el machismo y la misoginia en la narrativa latinoamericana no eran características de mi generación solamente; allí dije que los maestros del boom habían sido ellos mismos tremendamente machistas y misóginos en sus obras, por más que la crítica no lo dijese. Creo que fui un poco duro con Don Gabo, a quien le critiqué que todas las mujeres narradas en "El amor en los tiempos del cólera" son o débiles o putas, brujas o sometidas, autoritarias o abandonadas. Durante un cierto tiempo temí que su ira me afectara, hasta que me di cuenta de que quizá él no había leído ese texto, o mejor, que no le importaba.

La otra anécdota tiene que ver con su famoso texto sobre la jubilación de la ortografía. Me pareció un disparate y enseguida lo respondí con vehemencia, respetuoso pero enfático, con un texto que todavía circula por ahí, por internet. Pero después me di cuenta de que ni él creía en aquello y seguramente nos había tomado el pelo a todos. Aquello había sido una magistral provocación, pronunciada ante una horda de dirigentes y catedráticos aburridos y lameculos.

—Existe un viejo debate sobre si existió o no el "boom" latinoamericano. ¿Cuál es su postura al respecto? ¿Cuál es la cuota que pudo haber aportado GGM a ese período?

        —Bueno, si el debate es viejo, entonces dejémoslo por desactualizado. Ya no tiene importancia discutir aquello. En mi opinión, como he dicho antes, existió y fue nuestro Siglo de Oro. Y Don Gabo fue su figura más representativa.

—¿Qué lugar ocupa, para uds, García Márquez, en el universo literario?

        —Sigue siendo un faro y su luz aún es necesaria. A mí no me han interesado algunos de sus libros, como tampoco me interesa Shakespeare completo, ni todo Dickens, ni Balzac entero. Pero los libros de él que yo amo siguen siendo paradigmas. La grandeza de Don Gabo en la literatura universal está fuera de discusión. Todavía es un sol, y a su alrededor giramos todos. Les guste o no, pataleen más o menos, le chupen la media o se hagan los distraídos, todos están viendo qué nueva página va a escribir. Y eso sólo sucede con los verdaderamente grandes


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