Sobre el III Congreso de la Lengua

Diálogo con Osvaldo Aguirre, del diario La Capital, de Rosario. Noviembre de 2004.

—En la inauguración del 9º Foro por el fomento del libro y la cultura dijo que “sólo la lectura nos salvará” y advirtió acerca de la violencia que supone el embrutecimiento. ¿Cuáles son los enemigos de la lectura y de los libros?

        —Enemigos de la lectura son, por ejemplo, la ignorancia, la molicie, la indolencia. Obsesiones tan argentinas, podría decirse, ¿verdad? Y así estamos. Por eso creo y sostengo que, más allá de las respuestas políticas o económicas, si no conseguimos que nuestro país vuelva a ser un país lector, estaremos perdidos.

—La televisión suele ser considerada como un obstáculo grave para que los chicos, sobre todo, lean. Pero, ¿qué puede decirse de los otros medios de comunicación? ¿Cómo es la experiencia de la Fundación con las campañas radiales?

        —La television en sí misma, en tanto fenómeno tecnológico, no es el problema. El problema está en la telebasura que impera en la Argentina y en general en toda Latinoamérica. Por eso vengo sosteniendo que un cambio de paradigma consistiría en que entre todos empecemos a promover que nuestra gente vea menos televisión. No se puede recomendar lectura cuando muchos educadores y muchos padres, profesionales, amas de casa o empleados, son verdaderos fanáticos de la telebasura. Y es que si los paradigmas argentinos siguen siendo señoras paquetas que almuerzan en la tele ante un país con 20 millones de hambrientos; jugadores de fútbol que son famosos mundialmente pero no pueden articular bien sus propios pensamientos; deportistas y chicas que solo sueñan con ser modelos pero presuntamente tienen las cabezas vacías; y tarados que por las noches y a los gritos creen que humor es vulgaridad, no hay campaña de lectura que valga.

        En cuanto a los otros medios, tienen también responsabilidades aunque, es cierto, y afortunado, que diarios, revistas y radios han empezado a compartir la necesidad de estimular la lectura. Nosotros, en particular, casi no recurrimos a ningún medio para nuestras campañas, todas las cuales las realizamos directamente en escuelas y comedores. Sólo hicimos una experiencia radial para el Día del Niño en 2003, y fue muy interesante.

—En el Congreso de la Lengua participará en el panel “La comunicación textual en el mundo hispánico: transversalidad y contrastes”. ¿Piensa relatar la experiencia de su Fundación?

        —No lo sé, todavía no terminé de escribir mi ponencia. Pero es posible que alguna mención haga, porque tenemos una experiencia que es rica y compartible.

—Contemplado desde aquí, la variedad e intensidad de actividades de la Fundación son sorprendentes. ¿Cómo consiguieron impulsar, en concreto, el programa de las abuelas cuenta cuentos? Usted ha difundido cifras respecto al escaso porcentaje de niños y docentes lectores en Chaco. ¿Qué transformaciones ha incidido la Fundación en ese marco?

        —La verdad es que nosotros mismos nos sorprendemos de lo que viene logrando nuestro Programa de Abuelas Cuenta Cuentos. Yo creo que se ha arraigado, y no sólo en el Chaco, porque hemos logrado crear una mística alrededor del entusiasmo desbordante que se produce cuando se lee por puro placer, por amor y por ganas. La respuesta, que yo llamo multiplicación de panes de la lectura, es fenomenal. Pero además, en los últimos diez años hemos instalado la problemática de la lectura como un asunto prioritario, tanto para el Estado como en los niveles familiar e individual. Hemos entrenado centenares de abuelas, docentes, bibliotecarios, y hemos producido miles de experiencias de lectura. Bueno, todo eso ha incidido, sin dudas, en una sociedad tan pauperizado económica y culturalmente. Nosotros llevamos registros de los últimos años, y ellos nos indican que estamos incidiendo en diversos sectores, muchos de ellos marginales. Esto es indudable. Pero la medición de las transformaciones llevará su tiempo; sería poco serio adelantarla ahora.

¿Cómo se plantea la cuestión de la identidad en la creación literaria? Le pregunto porque es uno de los temas propuestos para la reflexión en el Congreso.

        —No es el tema para el que he sido invitado, pero puedo decirle, desde mi experiencia como escritor, que para mí la creación literaria es en sí misma una marca de identidad. Yo soy en tanto escribo, y soy lo que escribo, y procuro que mi escritura me identifique. De manera que para mí no es una cuestión problemática, en lo individual. Sí puede serlo en términos colectivos, pero la problemática identitaria de una sociedad como la argentina trasciende, y holgadamente, la creación literaria si bien también la incluye.

Ha dicho que la preocupación por la memoria es una de las marcas de la narrativa argentina después de la dictadura. ¿Cómo piensa la relación de memoria y lenguaje?

        —Me parece una cuestión tan esencial como evidente: la narrativa argentina de los últimos treinta años es una permanente incitación a la memoria, una búsqueda y una afirmación de la memoria colectiva. Nuestro lenguaje argentino, diría yo, es en sí mismo una expresion de lo que recordamos y lo que olvidamos, como un discurso plural y en tensión constante.

El español, ¿ha sido una lengua de encuentro o de sometimiento en América?

        —De hecho la respuesta es: ambas cosas. Pero sobre todo, me parece que el castellano que hablamos en América es el resultado de un choque cultural. Cuando en 1992 se “celebró”, entre comillas, el Quinto Centenario de la llegada de Colón a América, yo escribí un artículo que se publicó en varios países en el que sostenía que no correspondía hablar ni de conquista ni de encuentro, sino de “encontronazo”. Y cuando sucede algo así, tan traumático, el resultado incluye sometimientos y reconciliaciones, o sea síntesis.

En el Manifiesto Argentino recomendó la reimpresión del Nunca Más y su distribución en escuelas. En las circunstancias actuales, eso sería tal vez más necesario, dadas las preocupaciones por la seguridad pública y el intento de asociar los derechos humanos a la delincuencia. ¿Cuál es su opinión al respecto?

        —Bueno, recordemos ante todo que el Manifiesto Argentino fue un intento de respuesta intelectual a una emergencia brutal de disolución. Ahora las cosas han cambiado, estamos indudablemente mejor que en diciembre de 2001 (dicho esto sin que el calificativo “mejor” dé por terminada ninguna cuestión) y ahora las urgencias de la ciudadanía son otras pero también son las mismas. De manera que por un lado debo responder que la reimpresión del Nunca Más es siempre recomendable y necesaria, de igual modo que es urgente una Conadep de la Corrupción, y de igual modo que asociar los derechos humanos a la delincuencia, y el intento de criminalizar la pobreza, son cretinadas de la infatigable derecha argentina.

A propósito de los gobiernos de Menem y De la Rúa usted denunciaba la inexistencia de una política cultural. ¿Cómo ve al gobierno actual en ese sentido?

        —Lo que vengo señalando es lo gravoso que resulta para nuestro país la inexistencia de una política de estado de cultura. Quiero decir: nunca tuvimos, ni tenemos ahora, una política consensuada, federal, que realmente nos exprese a todos y defina qué entendemos los argentinos por Cultura, a qué Cultura aspiramos y cómo haremos para estimular y fortalecer congruentemente las expresiones culturales de nuestro pueblo, de modo que la Cultura nos represente ante el mundo como una nación con identidad propia.


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