Sobre el Genero Negro

Entrevista de Goran Tocilovac, para diario El Comercio (de Lima, Perú).Suplemento dominical, 31 de octubre de 2004.

—El éxito de tu novela Luna caliente (1983) ha sido extraordinario. Traducida a más de veinte idiomas, llevada al cine en dos ocasiones, ahora una serie televisiva en Brasil. Y sin embargo, se te concedió el Premio Rómulo Gallegos en 1993 por tu novela Santo oficio de la memoria. ¿Cómo explicas ahora, a la distancia, el impacto que han tenido estas dos novelas de alguna manera opuestas?

        —La única explicación es para mí muy sencilla y a la vez compleja: no me considero un escritor de género único y escribo sobre lo que me da la gana. De hecho, cada libro correspondió a una etapa diferente. Luna caliente fue la novela de la violencia de la dictadura, escrita desde el dolor el exilio, y supongo que por eso su tono de novela negra, su tensión dramática y su vértigo. En cambio, Santo oficio de la memoria es una novela de más largo aliento, escrita en el desexilio, en el retorno a mi país y a la democracia, y en ella predominan la intensidad sobre la tensión y la reflexión sobre la acción. Creo que cada una tiene un público diverso, y así me parece aún hoy. Pero esto es común a muchos autores. No manejamos el éxito o el fracaso. Escribimos como vamos viviendo y el éxito es una categoría que, al menos para mí, es completamente ajena a la literatura.

—Para muchos de los amantes de la novela negra latinoamericana tu ensayo El género negro, publicado en México en 1984, es una lectura indispensable para comprender el género. Veinte años después, ¿existe aún el género negro?

        —Oh sí, creo que sí. Como todo género literario, siempre hay quienes intentan asesinarlo o decretan su muerte, pero el género sigue vivo. De hecho, la producción mundial es impresionante, y eso indica que no sólo hay autores sino también millones de lectores ávidos. En todo caso, sí es verdad que hubo abusos y retrocesos, y que mucho, muchísimo de lo que se escribe como género negro no vale nada. Pero a cada rato aparece un buen libro, aquí o allá.

¿Cómo ha evolucionado, a tu parecer?

        —Si bien hace bastante tiempo que estoy lejos de ser activo en este género, creo seguir siendo un buen lector y me parece apreciar que sobre todo en Latinoamerica el género se ha ido vinculando con lo social, o sea con la vida de nuestros pueblos. Y eso es en sí una evolución formidable. La vertiente clásica, anglosajona, ha estado siempre más vinculada a lo individual. Tanto para los ingleses (Christie, el Padre Brown, etc.) como para los norteamericanos (Chandler, MacDonald y otros) lo importante ha sido siempre el heroísmo personal en el marco de la completa confianza en el Estado y sus instituciones como restauradores del orden quebrado por el delito. En cambio, entre nosotros el heroísmo personal es menos apreciado y los Estados e instituciones en América Latina han sido, históricamente, enemigos de los pueblos. Eso ha significado un cambio fundamental para el género.

—¿Y dirías que todavía tiene futuro?

        —En literatura, el futuro siempre depende de que se escriban buenos libros. En teoría el futuro siempre es posible, pero habrá que ver. A mí me preocupa que la evolución se agote. Al menos, a mí me parece advertir cierta recurrencia temática, de tics, de modos narrativos, de singularidades, digamos, que no sé si son felices. En los últimos años se nota mucho más preocupación por atrapar al lector que al malhechor, y eso no es bueno... Y no es un mero juego de palabras. En mi libro El género negro, precisamente, desarrollo la evolución de los puntos de vista del criminal y de la víctima, que son dos expresiones modernas. Pero si la novela clásica acabó repitiéndose hasta el hartazgo mientras que el nuevo relato negro todavía no, conviene aclarar esto de "todavía", porque el riesgo está a la vista. El problema de la fatiga de este género es algo que merece atención, y yo todavía no veo cómo se va a resolver. Quizás ésta sea la gran limitación del género negro. Pero bueno, hay que seguir leyendo.

—¿Cómo situarías a la novela negra latinoamericana de hoy con respecto a la norteamericana o a la europea?

        —No estoy muy actualizado respecto de la novela negra europea, pero Francia ha dado muchos grandes autores y libros, y supongo que desde la generación de José Giovanni y J. P. Manchette habrán germinado algunas semillas. Lo mismo se podría decir de Italia y por supuesto de España. Pero las diferencias con nosotros son notables. El relato negro latinoamericano se vincula casi siempre, ineludiblemente, con lo social. Por otra parte, como sostengo en mi libro, el género negro norteamericano, y en cierto modo también el europeo, se basan política y filosóficamente en la confianza en el Estado y en la capacidad regenerativa de sus instituciones (el detective funciona como auxiliar de la policía y de la justicia, y entre todos restauran el orden roto por el delito). Lo cual en América Latina es impensable, porque aquí esas instituciones del Estado son vistas como enemigas ganadas por la corrupción o el negocio de la política, y no suele haber ninguna confianza en ellas. Y hay una tercera diferencia, para mí esencial: y es que para los escritores norteamericanos, y muchos europeos, éste es un género de entretenimiento con el que se puede ganar dinero, mientras que para nosotros es un género literario capaz de denunciar vigorosamente la injusticia.

—En julio de este año, durante la Semana Negra de Gijón en España, uno de los grandes eventos del género en el mundo, la mayoría de los participantes eligió la novela Agosto de Rubem Fonseca como la gran novela negra latinoamericana. ¿Hubieras votado por ella?

        —Yo hubiera votado por El complot mongol, del mexicano Rafael Bernal. Pero de todos modos yo nunca he ido a la Semana Negra de Gijón, ni creo que me inviten jamás, de modo que mi voto no tiene ninguna importancia.

Entrevista de Jaime Monsalve, para revista CAMBIO (de Bogotá, Colombia). Septiembre de 2003.

—¿Qué hace diferente al relato negro latinoamericano del norteamericano?

—Son varias las diferencias. Una es que el relato negro latinoamericano se vincula casi siempre con lo social, mientras que el norteamericano destaca siempre el plano individual. Otra, derivada de la anterior, es que el género negro norteamericano, y en cierto modo también el europeo, se basa política y filosóficamente en la confianza en el Estado y en la capacidad regenerativa de sus instituciones (el Detective funciona como auxiliar de la Policía y de la Justicia, y entre todos restauran el orden quebrado por el delito). Pero eso en América Latina es impensable, porque entre nosotros esas instituciones del Estado son vistas como enemigas pues han sido ganadas por la corrupción o el negocio de la política, y no suele haber ninguna confianza en ellas. Y una tercera es que para los autores de los Estados Unidos éste es un género de entretenimiento con el que se puede ganar dinero, mientras que para nosotros es un género literario capaz de denunciar vigorosamente la injusticia y aun situaciones escandalosas.

—¿Cuál es el papel de la ciudad y de lo urbano en la literatura negra?

        —Lo urbano ha jugado un rol fundamental desde que en Cosecha roja Dashiell Hammet instaló la trama en una ciudad, y además de California. La literatura negra latinoamericana, como la europea, en general han seguido ese modelo. Pero hay que decir que esto ha ido cambiando y se han escrito ya muchas obras cuyas tramas no se desarrollan en grandes ciudades sino en pequeñas, de provincia, y aún en el campo, o en el mar. Esto ha favorecido la ampliación del punto de vista, y ha dado lugar a estupendas novelas de acción en movimiento. Los precursores fueron el francés José Giovanni, el siciliano Giorgio Scerbananco y los norteamericanos Charles Runyon, James Cain y Charles Williams. Mis propias novelas, por cierto, como Luna caliente y El décimo infierno, se ambientan en el Chaco y en la frontera argentino-paraguaya, y Qué solos se quedan los muertos en Zacatecas, México.

—¿Cuál es la diferencia entre el nuevo relato policial y la clásica novela de detectives, cuya finalidad era atrapar al malhechor?

        —Yo creo que en los últimos años se nota una mucho mayor preocupación por atrapar al lector que al malhechor. Y no es un mero juego de palabras. El cambio es notable y en mi opinión una diferencia interesante es que se han multiplicado los puntos de vista. En mi libro El género negro, precisamente, desarrollo la evolución de los puntos de vista del criminal y de la víctima, que son dos expresiones modernas. Pero si la novela clásica acabó repitiéndose hasta el hartazgo mientras que el nuevo relato negro todavía no, conviene aclarar esto de "todavía", porque el riesgo está a la vista. El problema de la fatiga de este género es algo que merecería más atención, y yo todavía no veo cómo se va a resolver. Quizás ésta sea la gran limitación del género negro.

Entrevista de Felipe Restrepo, para revista SEMANA (de Bogotá, Colombia). Septiembre de 2003.

—¿Qué diferencia hay entre la novela policiaca latinoamericana y la anglosajona?

        —Muchísima, sobre todo porque la latinoamericana se vincula con lo social, o sea con la vida de nuestros pueblos, mientras que la anglosajona ha estado siempre más vinculada a lo individual. Tanto para los ingleses (Christie, Father Brown, etc) como para los norteamericanos (Chandler, MacDonald y otros) lo importante ha sido siempre el heroismo personal en el marco de la completa confianza en el Estado y sus instituciones como restauradores del orden quebrado por el delito. En cambio, entre nosotros el heroismo personal es menos apreciado y los Estados e instituciones en América Latina han sido, históricamente, enemigos de los pueblos.

—¿Quiénes son los autores latinoamericanos contemporáneos que, según usted, mejor trabajan este género?

        —No me agrada dar nombres porque cuando se menciona a algunos involuntariamente se olvida a otros, de modo que sólo mencionaré a uno que me parece el más consistente: el chileno Ramón Díaz Eterovic.

—¿Cree usted que hay un Boom de este género en nuestro continente? Y, si es así, ¿cuáles son las razones?

        —No, no creo que exista tal cosa. Hace bastante más de medio siglo que el género es popularísimo en nuestra América. Lo que sucede es que cada tanto el género se reactiva y algunos que se inician en él creen estar descubriendo la pólvora.

—¿Cuál es su visión personal y su experiencia con este género?

        —He escrito algunas novelas (Luna caliente, Qué solos se quedan los muertos, El décimo infierno y Cuestiones interiores) y varios cuentos que caben en este género. Y además soy autor de un largo ensayo que se titula El género negro y que desde 1984 es plagiado reiteradamente aunque casi nunca citan a su autor.


«Volver