Sobre FINAL DE NOVELA EN PATAGONIA

Diálogo con Leslie Alger, para el Diario Reforma, México, Julio de 2002.

—¿Cómo surge la idea de viajar a la Patagonia?

        —Era un plan que tenía muchos años. Yo conocía muchas ciudades patagónicas por haberlas visitado por razones profesionales: conferencias, congresos, esas cosas. Pero siempre me prometía recorrer su superficie, que sabía fascinante. Yo quería algo más que llegar en un avión una mañana e irme en otro avión uno o dos díaas después. De manera que se trataba de esperar la oportunidad, y ésta se presentó una noche, charlando con un muy querido amigo español que es poeta y fotógrafo, y juntos empezamos a delirarnos con un viaje en automóvil, sin plazos y sin destinos fijos.

-¿Cuáles fueron las lecturas previas al viaje más significativas para usted? ¿Qué efecto tuvieron?

        —No, no hubo ninguna preparación literaria para este viaje. Yo había leído todo lo que leyó cualquiera acerca de la Patagonia, y cuyo listado está en las primeras páginas de mi libro. Ahí están los homenajes debidos. Pero para mí lo importante fue, apenas partimos, ir entrando en un mundo impactante y completamente narrable. Yo no tenía ningún plan previo; simplemente sucedió que a los pocos días de viajar empecé a escribir. Y como venía trabajando una novela, pues se me hizo una conjunción entre el viaje real que hacíamos nosotros y el viaje de mis personajes. De ahí nació este libro y por eso el título que tiene.

—¿Qué implicaciones tuvo el viajar y conocer ciudades que no se visitan con una perspectiva turística? ¿Tiene algún recuerdo significativo que no se exprese en la novela? ¿Ha pensado en regresar y hacer el mismo recorrido?

        —En realidad no lo sé, porque jamás hice un viaje desde lo que usted llama una "perspectiva turística". Debo confesarle, incluso, que no tengo una gran opinión acerca de la llamada industria turística y, en lo personal, me disgusta todo lo que sea turismo. De modo que no sabría responderle lo que me pregunta. Lo que sí puedo decirle es que todos mis recuerdos quedaron escritos, y no me guardé nada. A pesar del título, este libro no es una novela. Al menos no en el sentido convencional. Es un libro de viajes, aunque tampoco lo es en un sentido clásico. La verdad es que FINAL DE NOVELA EN PATAGONIA es un libro raro, bastante inclasificable porque toca muchos géneros, y a mí me gusta pensarlo así. Además del viaje, el libro contiene cuentos, microrrelatos, poemas, textos periodísticos, divagaciones sobre el arte de la novela. Desde luego que todo gira en torno de un viaje a la Patagonia, que es el hecho cierto que da origen al texto. Pero, estricto sensu, es más bien un viaje a la literatura. Lo que encontré de nuevo al escribir este libro fue, precisamente, eso: que viajando por la Patagonia, que es un territorio maravilloso y fascinante, yo estaba viajando a la literatura. Con lo que quiero decirle que estoy regresando siempre y que todos los recorridos están grabados en mí.

-Su forma de viajar hoy en día, ¿ha cambiado, después de este viaje?

        —No. Yo viajo mucho, ando todo el tiempo en mi carro, en aviones, y me paso la vida dando conferencias, participando de congresos y ferias y todo eso. Algunos escritores solemos ser, en cierto modo, viajeros profesionales. Y siendo así, realmente llega un momento en que todos los viajes son iguales. En todo caso aquel viaje a la Patagonia sí fue diferente, el único verdaderamente diferente de mi vida adulta.

—¿De todos los que ha hecho en su vida, cuál es su viaje preferido, porqué?

        —Por las razones antedichas, debo decir que fue este viaje a la Patagonia mi preferido. Pero hice también otros viajes que hoy para mí son tesoros de mi memoria: unas vacaciones inolvidables en Puerto Escondido hace como veinte años; una temporada amorosa en Nueva York hace quince; descubrimientos maravillosos en Brasil, Venezuela y Cuba; mi estadía en Praga y la República Checa hace poco...

—¿Cuál es ese viaje aun no realizado que sueña usted hacer algún día?

        —No sueño con viajes. Los hago cuando puedo, y si puedo los disfruto todo lo que se ofrece. Lo grande de los viajes no es soñarlos sino hacerlos, y con la mente y el espíritu abiertos.

—¿Qué es para usted la literatura de viajes? ¿Como ve su desarrollo y evolución en la lengua española?

        —No lo sé. No soy especialista en este tipo de literatura, ni me interesa demasiado como subgénero. Como le digo, conozco los libros que han escrito algunos colegas. Los disfruté cuando los leí y ya. Luego puedo recordarlos, o no, con respeto y distancia. De lo contrario no podría escribir nada. Yo conocía el libro de Chatwin, por supuesto, como conocía los libros de Christian Kupchik y de Luis Sepúlveda, de Paul Theroux y de tantos más que menciono y reconozco en mi libro.

—Relacionado con viajes, ¿Cuál es su libro preferido?

        —Pues le confieso que mi libro preferido, y creo que es el mejor al menos de nuestra lengua, sigue siendo "Don Quijote de la Mancha". Ahí está todo. •


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