La Nona
(fragmento de Santo Oficio de la Memoria, Capítulo 73)

Pietro, caro: tú que viajas tanto deberías darte cuenta mejor que nadie de que todo está perdido. No encontrarás el amor, hijo mío, no encontrarás al padre, ni a la madre, ni a los hijos ni al espíritu santo. En cada viaje dejarás un pedazo de tu pequeña historia, que no tiene demasiada importancia ni siquiera para ti mismo. Acaso para mí, en tanto cómplice de tu memoria. La historia es una memoria guardada, dicha y escrita. Sobre todo escrita, y por eso es interesante que en la familia tengamos uno que escribe y escribe todo el día. Aunque nos haya salido el menos lúcido, el más bastardo, el Tonto de los Domeniconelle. Quizá por todo eso el más legítimo. A él hay que llevarle todo. Contarle todo. Y es que si la vida es un cuento contado por un idiota lleno de sonido y de furia que no significa nada, nosotros tenemos el nuestro en la familia. Francia le dijo a Patiño que hay que conservarlo todo escrito, que sólo lo escrito permanece y dura. Es lo único que tiene consistencia. Pero la historia no es sólo sonido y furia, eso no es cierto, la historia es lo que yo recuerdo y otro lee. La historia es el momento en que se recrea una memoria. La historia no es lo que sucedió, sino lo que alguno escribió que ha sucedido, leído en otro momento por uno que cree lo que lee. Por eso estamos en la obligación de descreer de todo y por eso somos tan descreídos. Piensa siempre así, Pietro: que hay que huir de los dogmas y para ello tomar distancia de las historias oficiales, pero teniendo en cuenta que toda historia contraoficial un día puede cristalizar y convertirse en la oficial sustitutiva y ojo con eso. Attenti con las trampas. Desconfiar siempre. Porque cuando la historia se oficializa, se petrifica; y cuando se petrifica empieza la mentira. De lo que se desprende que la verdadera historia es la que está viva, la que no se detiene, la que está activa, es decir, la memoria. Ser un intelectual independiente absoluto significa estar siempre a la derecha de la izquierda, y a la izquierda de la derecha, pero sin que ello implique estar en el centro. Ojo: ésa es la clave. Y manejarse con algunos principios éticos fundamentales: no se miente ni aunque convenga y convenga a quien conviniere, que es el problema de la oficialización de la memoria colectiva; no se es deshonesto y se lucha contra la corrupción; se descree de la historia pero respetándola y revisándola. Sí, es un modo exigente de vivir, pero sólo así nos entenderemos, mijo. La arbitrariedad puede ser una virtud, en tanto virtud crítica. ¿O no, caríssimo? ¿O estoy diciendo puros disparates?)


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